Carta 77, Havel y una ciudadana

(DDC)

Regina Coyula | La Habana | 18-12-2012

En 1977, para mí, tal como rezaba la propaganda oficial, el futuro parecía pertenecer por entero al Socialismo. Habíamos “descubierto” nuestra herencia africana; ser internacionalistas era saldar nuestra deuda con la humanidad. Metidos en grande en África, si alguna noticia dio la prensa nacional sobre Carta 77, si alguna interpretación se hizo sobre sus fines torcidos y su trasfondo imperialista, me pasó inadvertida.

A fines de 1989, cuando ni yo ni nadie tenía idea de que se nos venía encima ese tiempo de continuos apagones y mala comida que fue el Período Especial, todavía consternada por un vergonzoso juicio a varios indiscutidos héroes militares, por allá por la hermana Checoeslovaquia había un nuevo gobierno, y el nuevo presidente, ¡oh!, el nuevo presidente no era comunista. En poco tiempo se entregaron sin combatir las banderas —bramaba Fidel atónito ante la escenografía que creyó eterna—, pero Carta 77 seguía siendo un documento desconocido. Vine a tener una idea precisa de qué eran los derechos humanos, cuando en 1992 un científico, actualmente exiliado en Puerto Rico, me regaló un folleto con la Declaración Universal. Pero Carta 77 seguía siendo un documento desconocido, aunque es posible que ya en aquella época alguien me lo haya mencionado.

Las noticias que llegaban de Europa eran fragmentadas, confusas y casi siempre tardías. Ya para entonces era diestra en Granmática, era fácil darme cuenta de que si los exiguos periódicos de la época no hablaban de algunos de los países del este europeo, era que les iba realmente bien. Checoeslovaquia desapareció primero de las páginas de Granma y luego del mapa de Europa para dividirse sosegadamente. Carta 77 seguía siendo un documento desconocido, y para no hacer una biografía comparada, resumiré. No es hasta que accedo a internet por primera vez, hace apenas tres años, que Carta 77 deja de ser una entelequia.

Admirable en el contexto en que se elaboró, a estas alturas no es un documento novedoso. La defensa de los derechos humanos ha sido un reclamo constante por parte de la sociedad civil. La Demanda Por Otra Cuba, por la ratificación de los Pactos de la ONU, es una hermana menor de la iniciativa checa, y como aquella, recibe la presión de las fuerzas represivas y la simpatía internacional. Documentos así suelen existir y ser subversivos solo donde los derechos humanos no encuentran plenitud.

Hablar de Carta 77 y no de Václav Havel, sería lesa omisión. Si el documento es admirable, lo es sobre todo por la grandeza de los hombres que lo promovieron (Jan Patocka, Havel). Con los años, Havel se convertiría en un hombre poderoso, pero nunca dejó de ser el ciudadano que entrañablemente se sentía. Aunque ni siquiera estoy segura de que hubiera votado por él para presidente, sintonizo con sus preocupaciones éticas, le agradezco su interés por la situación de los derechos humanos en Cuba.

Sea esto homenaje y recordatorio del papel de los intelectuales dentro de la sociedad. De la decisión de vivir sin mentiras.

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